Satisfacción y desencanto. Esperanza y fastidio. Ilusión y bronca. Por todas esas sensaciones pasó el hincha de Almirante Brown en la tarde de este sábado en el Fragata Sarmiento, luego del 1-1 ante el encumbrado Colón de Santa Fe.
Es que el equipo del Lobo Montenegro exhibió un muy buen nivel en la primera media hora de juego. Por lejos, de lo mejor del Mirasol en el torneo. En ese lapso, se puso en ventaja con un golazo de Nazareno Bazán desde afuera del área y genero un puñado de situaciones muy claras para estirar el marcador. Por eso, el empate terminó siendo un castigo para el conjunto aurinegro.
Es cierto que después de esa media hora inicial Almirante bajó el ritmo y el control del juego se hizo más alternado, pero en ningún momento el Sabalero se mostró como un equipo dominante. La sensación en Isidro Casanova era que, de no mediar una distracción, Brown se iba a quedar con los tres puntos.
Los goles que te errás en el arco rival…
Pero en el futbol, se sabe, siempre hay lugar para imprevistos. Esa famosa “dinámica de lo impensadoî de la que hablaba el legendario periodista Dante Panzeri se hizo presente a los 30 minutos del complemento, cuando un centro que no parecía llevar peligro no pudo ser despejado por la defensa aurinegra y la pelota le quedó servida al marcador de punta Mauro Peinipil para marcar la igualdad.
Ese gol fue un baldazo de agua helada. Para Almirante y para el partido. Porque después pasó poco y nada. Alguna aproximación del Mirasol, ya sin la potencia que mostró en el comienzo, y una apilada de Federico Lértora que terminó con una carambola que casi le da el triunfo al elenco santafesino, lo que hubiese sido una injusticia gigantesca.
El pitazo final de Bruno Amiconi, entonces, liberó todas las emociones ambiguas de la hinchada aurinegra. Porque Almirante demostró ante un calificado rival que puede jugar mucho mejor de lo que jugó en lo que va del campeonato. Pero, también, dejó escapar dos puntos que lo hubiesen consolidado en los puestos de Reducido.
El silbatazo del árbitro, además, le dio lugar a un pedido del pueblo mirasol. Un pedido que bien puede entenderse como una exigencia. Porque en la próxima fecha se viene el clásico ante Deportivo Morón. Por eso, el grito de despedida de los hinchas no podía ser otro: “el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganarî.